Mostrando entradas con la etiqueta numen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta numen. Mostrar todas las entradas

16 de enero de 2011

Un sorbo de whisky

Beber un whisky a sorbos pequeños y ceremoniosos, después de una larga jornada, con la casa en silencio y la noche cerrada, solo, sin zapatos, es un rito del que surge una experiencia que trasciende el entorno doméstico al tiempo que la mente se abre y el cuerpo se relaja. En el regusto de cada sorbo, en su dulzura y viveza, hay un hecho literario. Con el whisky de pronto emergen la lucidez, el placer, la visión y la sabiduría, la frase y la oración perfectas.

En el primer sorbo de whisky de malta puede haber más metafísica que en la teología de los padres y los doctores de la Iglesia. En un sorbo de whisky, en su dosis justa e inalterable, por un instante, a cierta hora de la noche, el universo se ordena y se revela con una nitidez cegadora, en una visión poética implacable. Todo deviene claro, como categoría o entelequia aristotélica. En un sorbo del primer whisky, nunca más allá del tercero o cuarto, está contenida y se muestra y emerge, deslumbrante, múltiple y trascendente, toda la poesía de Fernando Pessoa.

Luego, el numen se desvanece poco a poco, se pierde esa visión relámpago de belleza y sabiduría. Lo que sigue carece de importancia. Es necesario elegir entre ir cuesta abajo por el camino de la embriaguez o buscar en la poesía la lucidez, los restos de ese naufragio metafísico. De cualquier manera se habrá roto el encanto, eso que llamamos realidad se instaurará en el cuerpo y la mente, se impondrá en las palabras y el poema, el libro, el entorno, la casa en silencio, la ciudad, la noche cerrada, el universo.

13 de febrero de 2009

El humo, la espuma, las palabras

En el vigésimo cuarto canto del Inferno, Dante Alighieri, acaso el más alto poeta de Occidente, dijo alguna vez Octavio Paz, escribió hace siete siglos bien contados: Omai convien che tu così ti spoltre, / Disse il Maestro, chè, seggendo in piuma, / In fama non si vien, nè sotto coltre: / Senza la qual chi sua vita consuma, / Cotal vestigio in terra di sè lascia, / Qual fumo in aere od in acqua la schiuma.*

Estos versos, puestos en boca de Virgilio, bien pueden ser un lema, una divisa, la fuente del numen y de la persistencia de un poeta en su trabajo; sin duda lo fueron del gran florentino en su esfuerzo por alcanzar la gloria. (También don Quijote en sus caballerescas aventuras buscaba la fama, que es otra forma de aspirar a la inmortalidad.)

Para la grave empresa de resistir la erosión del tiempo los poetas eligieron las palabras, que a veces son duras y pétreas, marmóreas, pero las más de las veces tan frágiles y efímeras, tan maleables y misteriosas, tan ligeras y aladas en el aire como el humo, y tan esquivas, frescas e instantáneas como la espuma en el agua. ¿De qué están hechos, oh Poeta, el tiempo, la fama, el humo, la espuma, las palabras?


* "Pues te conviene, tu pereza espanta", / dijo el maestro, "que en la blanda pluma / fama no has de ganar, ni so la manta: / quien sin ganarla su vida consuma / igual vestigio dejará en la tierra / que humo en el aire y en el agua espuma". (Versión de Ángel Crespo.)