5 de junio de 2021
«La suave Patria» y mi ejemplar de López Velarde
21 de septiembre de 2018
Juan José Arreola
Hace cien años nació Juan José Arreola. Cada día es más grande, y sus palabras más diáfanas, su literatura más pura y profunda. Su lección de amor por el lenguaje es impecable y fecunda, y su ingenio y brevedad son asombrosos: nadie ha dicho más que él con tan pocas palabras.
Arreola es uno de esos escritores que pueden leerse sin fatiga a lo largo de la vida, y pareciera que sus relatos son mejores con el paso de los años. Es, sin más, uno de los imprescindibles. Tal vez su universo se cifra en esta cita, casi una autobiografía literaria:
«Una última confesión melancólica. No he tenido tiempo de ejercer la literatura. Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla. Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías a Franz Kafka. Desconfío de casi toda la literatura contemporánea. Vivo rodeado por sombras clásicas y benévolas que protegen mi sueño de escritor.»
31 de marzo de 2015
Un año y un siglo
Hoy se cumple un año del centenario del nacimiento de Octavio Paz. Un año es una medida razonablemente humana del tiempo. Una eternidad en la infancia; una fecha que vuelve veloz en el calendario. El tiempo era uno de los temas del poeta. La fugacidad, la permanencia, la condición efímera del hombre en la Tierra.
Están tan cerca en la memoria los debates, los artículos y actos, los festejos, las reflexiones, las lecturas con motivo del centenario. Ahora hace un siglo más un año. Hace poco, hace nada, recordábamos en su justo sentido los versos: soy hombre: duro poco / y es enorme la noche.
El tiempo es un potro desbocado, que no se agota ni se cansa, se fuga y se pierde, a lo lejos, en su marcha. ¿Es esto una metáfora? Sólo nos queda abrir bien los ojos, en el parpadeo luminoso, vital, que nos da esa noche enorme. Octavio Paz, su vida, sus luchas, su poesía, su pensamiento, el paso de un año desde su centenario es también una medida del tiempo.
¿Es real el tiempo? Sólo si sabemos que pasa y se fuga, y recordamos que estamos solos, pero cuando estoy solo no estoy solo: estoy conmigo. La poesía, a veces, es un bálsamo. Recuerdo el centenario con la solidez de esa moneda acuñada para la ocasión. El tiempo nos arrasa, nos rebasa, nos devasta. De pronto, nos damos cuenta de que ha pasado, desde el siglo, un año.
Trato en vano con la memoria de detener el tiempo. En aquel potro se fuga la realidad en un instante. No hay consuelo. Somos hombres, duramos poco, estamos solos y es enorme la noche. ¿Es esto la realidad? No lo sé. Escribió el poeta: Quizá la realidad también es una metáfora. Acaso una que también desgasta el tiempo.
