10 de noviembre de 2019
Furia de otoño
15 de enero de 2018
La profunda oscuridad
Entré a la parroquia muy avanzada la tarde. No había nadie, y la luz en la nave era muy débil. Olía a encierro, a incienso, a sudor o humedad. Casi en penumbras vi cristos sangrantes y otros en féretros de vidrio. Oía retumbar mis pasos y luego el silencio absoluto cuando me detenía unos instantes frente a figuras propias de casa de los espantos.
Pensé en la oscuridad del «pueblo de mujeres enlutadas» de Al filo del agua, de Agustín Yáñez. Era el pozo sin fin del sufrimiento y al tortura. Era la sede perfecta de la crueldad y la culpa. Allí se cultivaba el dolor, la manipulación, el fanatismo y el miedo.
Llegué al altar y volví por el otro lado de la nave. Supongo que la fe debe ser una fuerza poderosa que le da sentido a todo lo visible y lo invisible, y que a veces puede orientar y consolar en el camino de una vida. Sin ella, la parroquia es el templo del pensamiento mágico, la imaginación morbosa y la ignorancia.
Una vez en la calle, agradecí la luz, volví al mundo. Salí de esa parroquia en una capital de provincia como si emergiera del inframundo, del reino de la muerte. Todo era claro y nítido. Comprendí, como en una epifanía, que no había entrado por curiosidad. Había entrado a esa parroquia cuyo nombre nunca supe a hacer una visita cultural y vislumbré en ella la más profunda oscuridad.
19 de abril de 2008
El viaje del fuego
¿De dónde emerge el fuego que enciende las voces de la noche, el faro azul, rojo, amarillo, naranja, de la silente luz que ilumina todo lo que toca? ¿De dónde ese relámpago, pájaro eléctrico que se alza impertérrito a su hora en el Oriente?
Todo cabe en la luz, todo lo contiene, lo dibuja, lo recrea, lo anima: las formas y las sombras, el volumen y el contorno, el color y el escorzo; toda la geometría del mundo cabe en el silencio del aire. La palabra lo nombra porque es necesario decirlo hasta el fondo de la noche, hasta el fin de la última estrella en retirada, con el último aliento, para que el azul helado del cielo de la madrugada sea el último viaje clandestino del color al centro del secreto de la luz.
El viaje del fuego, luz ardiente, a través de la oscura sombra de un cielo moribundo, al alba, es un canto para los ojos que algo tiene de misterio y de fantástico en un mundo que amanece por primera vez cada mañana, entre el batir de alas de los pájaros que saludan en parvada al sol y la luz en fuego, transparente, del nuevo día.
