Mostrando entradas con la etiqueta divertimento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta divertimento. Mostrar todas las entradas

15 de octubre de 2025

Glosa de "El futuro", de Julio Cortázar

Y sé muy bien que no estarás.

(Pero saberlo no aniquila la ausencia.)

No estarás en la calle, / 

(Salgo de casa en busca de consuelo.)

en el murmullo que brota de noche / de los postes de alumbrado, /

(Compro un libro de Wittgenstein que no leeré, lo abro y aparece la Figura.)

ni en el gesto / de elegir el menú, ni en la sonrisa

(Eso sería una pena, una muy triste.)

 que alivia los completos en los subtes,

(A tu manera también acudirás.)

ni en los libros prestados ni en el hasta mañana.

(Y sabes bien que los echarás de menos.)

No estarás en mis sueños,

(Tal vez aprendí a olvidar lo soñado.)

en el destino original de mis palabras,

(Hay formas cifradas de nombrarte.)

ni en una cifra telefónica estarás

(Eres maestra en el arte de la fuga.)

o en el color de un par de guantes o una blusa.

(Te evades de todas las cosas.)

Me enojaré, amor mío, sin que sea por ti,

(Fue por el destiempo y la circunstancia.)

y compraré bombones pero no para ti,

(Sí, y elegiré tus favoritos.)

me pararé en la esquina a la que no vendrás,

(Aunque tú y yo sabemos que te oculta la ciudad.)

y diré las palabras que se dicen

(Por ejemplo: Estás en todas las cosas.)

y comeré las cosas que se comen

(El mundo te evoca.)

y soñaré los sueños que se sueñan

(Esos en que has aparecido tantas veces.)

y sé muy bien que no estarás,

(Y cómo negar que te espero.)

ni aquí adentro, la cárcel donde aún te retengo,

(Aun en contra de mi voluntad.)

ni allí fuera, este río de calles y de puentes.

(Que dirán tu nombre porque todo lo imantas.)

No estarás para nada, no serás ni recuerdo,

(A tu manera te asomarás.)

y cuando piense en ti pensaré un pensamiento

(y al despertar te pienso y eres otra.)*

que oscuramente trata de acordarse de ti.

(Y que no dirá que no puedo librarme de ti.)


_____ 
*Verso de Julio Cortázar.

20 de septiembre de 2008

El último prodigio

Querido Jorge, querido Rafael:

Tal vez sea cierto el juicio temerario que divide en dos tradiciones la prosa y en particular la novela escrita en español: por un lado estarían los libros que siguen a Cervantes, es decir, los de prosa llana y directa; por otro, los que están en deuda con Quevedo, los barrocos, por llamarlos de algún modo. Yo no creo del todo en esta clasificación, y diré por qué: ustedes han escrito una novela quevedesca muy cervantina.

Si bien la escritura se abre paso con malabarismos verbales de altos vuelos, retruécanos de virtuosos, piruetas sintácticas y actos de asombroso malabarismo, que se corresponden con toda justicia poética con las maromas y sinrazones de un tal Magruta —que hoy sale a recorrer el mundo con su historia y del que puedo augurar que ganará fama en los siglos por venir—, la imaginación y el humor, el llamado a la razón en contra de la intolerancia y el fanatismo, la ignorancia sin fin de los fundamentalismos de cualquier color y naturaleza, son un regalo para el lector que comprende que la literatura no es evasión y que aun los divertimentos no son inocentes ni frívolos.

Ustedes han demostrado, una vez más, que no hace falta la gravedad para ser profundo, y que el humor es un don de la imaginación y de la inteligencia, un fin en sí mismo y un vehículo para decir lo que, de otra forma, sólo admite, y no siempre, el género de la tragedia. En esto son también herederos de Voltaire. La ironía y el sarcasmo, el humor que mana de la inteligencia y empieza en la carcajada y termina en la reflexión son las armas más poderosas de la crítica y la razón.

Querido Rafa y querido Jorge: su obra los rebasa. No se sorprendan si un día de estos un gato analiza su libro y les explica dos o tres cosas que ustedes han escrito y de las que no están del todo conscientes. Ese es el destino de todo verdadero novelista.

Cervantes por delante, un novelista escribe para encontrar, descubrir y nombrar lo que la vida cotidiana y el más pobre realismo nos ocultan. Hay cosas que sólo se pueden decir desde la literatura, decía Calvino, y decía bien. Hay cosas en su novela que no creo que pudieran contarse mejor de otra manera.

No menos asombroso es que hayan escrito a dos plumas, o dos teclados. Nos han dado una lección que rompe más de un mito y destruye la figura en el pedestal. El suyo es un ejercicio admirable de solidaridad, respeto, empeño y talento puestos al servicio de un proyecto común.

Si el azar y la imaginación ajena determinaban el capítulo siguiente que cada uno tenía que escribir (según mienten en su prólogo), un orden cósmico y magrutense o magrutoso o magruteico o magrutensemente o magrutamente o como se diga, logró una unidad ejemplar que les ha permitido ser uno, o dos, pero que ya no son los mismos de antes. Tanto, que ya son, acaso sin saberlo, como novelistas, por obra y gracia de su propia obra, oh prodigio, Jorge Bullé-Goyri y Rafael Brash.



(Saludo a Jorge Brash y Rafael Bullé-Goyri en la presentación de su novela Los prodigios de Isidoro Magruta, Colección Piedra Lunar, Editora del Gobierno del Estado de Veracruz, 2008)