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9 de septiembre de 2025

La vida en el cementerio

La extravagancia y la excentricidad deben ser cualidades muy estimulantes que enriquecen la vida de los afortunados en poseerlas con situaciones y experiencias que nos están vetadas a los mortales ordinarios. 

No es posible fingir, y los impostores serán descubiertos, e incluso renunciarán ellos mismos más pronto que tarde a su fallido intento de incurrir en prácticas raras y costumbres extrañas. No hay manera de fingirse una vida, una personalidad, una manera de estar en el mundo que no sea la propia sin que se caiga la máscara. 

(Y el actor, un solitario, al caer el telón, al desmaquillarse ha dejado de ser Hamlet, y busca un taxi que lo lleve a un pequeño restaurante cerca de su casa porque en su cocina no hay con qué preparar ni un sándwich.)

Los extraños, esos raros, que tantas veces pasan por exhibicionistas y narcisistas, que deben tener frecuentes contratiempos, mueven al desprecio, a la sonrisa irónica, al entusiasmo, a la rendida admiración. 

Imposible ocuparnos ahora de hacer, así sea un borrador, la clasificación universal de las excentricidades y extravagancias, pero tal vez no sea necesario porque casi todo el mundo reconoce esos actos y posturas tan extrañas y singulares. 

Benoit Gallot, abogado, es según nuestras fuentes el curador del Pére-Lachaise, el famosísimo cementerio parisino, pero, tal vez llamarlo así sea otra excentricidad, y desde la ignorancia y la tradición lo imaginamos como el gerente o el director. 

Monsieur Gallot es un hombre ocupado, el Pére-Lachaise tiene muchísimos visitantes (para no pocos parisinos visitarlo es como ir al parque, y pasear por los cementerios de París es casi una visita cultural), una extensión más que considerable, miles y miles de tumbas y legiones de gatos semisalvajes, además de un buen número de aves, pues, después de todo, es una de las zonas verdes más frondosas de París. 

Pero Monsieur Gallot se ocupa con impecable eficiencia de dirigir a su equipo de colaboradores, de la venta de terrenos para tumbas (la demanda es enorme, y por lo tanto también las negociaciones y las quejas) y de la exhumación de cenizas y restos cuyo tiempo asociado al pago de cuotas se ha agotado (existe una zona con un osario, democrático, ordinario y común, donde acomodar lo que ya no puede estar en una tumba). 

También supervisa unos mil entierros al año, atiende a visitantes distinguidos que acuden a conocer una tumba, y también ofrece consejos a directores de cine y otros artistas que buscan filmar o grabar o fotografiar en el cementerio. Y los problemas ordinarios de toda administración.

En el cementerio están enterrados militares de la época napoleónica (es la zona más apacible, hermosa y serena, dice Monsieur Gallot), y una formidable serie de escritores, artistas de todas las disciplinas, pensadores, científicos, políticos y aristócratas franceses y extranjeros. 

Una lista inadmisible por sesgada e incompleta debe considerar, por lo menos, a Abelardo y Eloísa, Guillaume Apollinaire, Honoré de Balzac, Maria Callas, Frédéric Chopin, Paul Eluard, Georges Perec, Édith Piaf, Marcel Proust, Antonieta Rivas Mercado (ay, Antonieta), Carlos Fuentes, Gioachino Rossini y Oscar Wilde. Bueno, hasta Jim Morrison reposa allí.

Pero la excentricidad de Monsieur Gallot, y tal vez el rasgo que define su singular liderazgo y ejemplar desempeño es que ama tanto su trabajo, está tan estrechamente vinculado e identificado con el cementerio que decidió vivir en él. 

Sí, tiene su domicilio, supongo que en una linda casa, propia de un bosque, rodeada de árboles y de tumbas. Me inclino a considerar que las cuarenta y cinco hectáreas del cementerio deben ser por las noches y días festivos una suerte de jardín privado tras los sólidos muros que las aíslan de la ciudad.

 Monsieur Gallot está casado y tiene cuatro hijos, y su familia, al parecer, no está dispuesta a vivir en otra parte. Madame Gallot, al principio recelosa, se ha adaptado al cementerio y hoy es una consultora funeraria. ¿Cómo será su vida cotidiana? ¿Los hijos salen del cementerio para ir a la escuela? ¿El cartero y el banco envían la correspondencia como a cualquier otro domicilio? ¿Pueden recibir invitados, celebrar fiestas y cenas? ¿Cómo salen los amigos del cementerio a las dos de la mañana? ¿Gozarán de la paz de los sepulcros, o escuchan perturbadores sonidos y voces en las noches? 

Tengo tantas preguntas que se antoja ir a visitarlos, conversar con ellos en algún sitio apacible del cementerio. Podría aprovechar para pedirle a Monsieur Gallot que me contara cómo es su relación con la muerte, con la que convive, por así decirlo, todos los días, y pedirle de paso un ejemplar firmado de su libro, que tengo muchas ganas de conocer, intitulado La vida secreta de un cementerio: La naturaleza salvaje y encantadora tradición del Pére-Lachaise. 

21 de enero de 2018

Noticias de Alice Denham

Una mujer joven, guapa, de pie ante la máquina de escribir, tiene un cigarrillo en la mano izquierda, la derecha en jarras, mientras lee atenta las palabras que acaba de escribir. El peinado, el suéter y la falda, el bullet bra (sujetador bala, en forma de cono) resaltan las curvas y son típicos de los años sesenta. También, claro, la enorme, sólida y poderosa máquina de escribir. 

La foto de esa mujer ante la máquina y su texto es tan interesante que aparece con frecuencia en la Red, y ella ha sido confundida con Maria Callas y Clarice Lispector, entre otras mujeres célebres. Ahora, en Escrituras Mecánicas* sabemos que se trata de Alice Denham, escritora, periodista, actriz y modelo cuya trayectoria de vida daría material de sobra para una novela nada aburrida.

Alice Denham nació en 1927, se graduó en la Universidad de Rochester y se marchó a Nueva York en busca de fama literaria y aventuras románticas Nadie podría decir que fracasó en sus propósitos. Su libro de memorias Sleeping With Bad Boys: A Juicy Tell-All of Literary New York in the Fifties and Sixties (existe edición española: Durmiendo con chicos malos, Ed. Huerga y Fierro) es también una crónica sobre Nueva York en los años cincuenta y sesenta en la que cuenta sus aventuras literarias y también sus amoríos con James Dean y Philip Roth entre muchos otros, y también por qué rechazó a Normal Mailer, entre muchos otros. Amiga de Gore Vidal y Truman Capote, tenía opiniones literarias polémicas y fue una dura crítica de Jack Kerouac. 

Alice Denham actúo en muchas películas, a veces bajo seudónimos, y fue un personaje central de la vida cultural y social de Nueva York, y fue célebre entre editores, publicistas, productores de cine, actores y escritores. «Manhattan was a river of men flowing past my door, and when I was thirsty, I drank», y «Every month I had a mad new crush, a fabulous new romance» escribió, según la nota que le dedicó el New York Times en febrero de 2016, cuando murió a la edad de 89 años.

Alice Denham modelaba y posaba para comerciales, aparecía con frecuencia en la portada de las revistas, pero el punto culminante de esa faceta de su vida es haber sido la única mujer en publicar un cuento, «Deal», y posar en las páginas centrales del mismo número de Playboy, en julio de 1956.

Entre sus novelas se cuentan My Darling From the Lions (1967), Amo (1974); Secrets of San Miguel (2013) es una memoria de sus frecuentes temporadas en San Miguel de Allende, donde era muy conocida entre la comunidad de artistas estadounidenses que viven ahí. En las calles de San Miguel conoció a John Mueller, su segundo marido, que la acompañó hasta el final.

Alice Denham, feminista militante, mujer libre, coqueta, descarada, hizo de su vida una aventura no exenta de imaginación literaria. El obituario del New York Times ofrece una cita reveladora: «Sexual friendships taught me politics, race, class, countries, temperaments, occupations, all useful for a novelist, but that wasn’t my motive. Sex, was my great adventure».

En la Red hay información y muchas fotos de Alice Denham, algunas de ellas ante su máquina de escribir. Me parece que esa serie acabará por definirla y representarla, mucho más que aquellas fotos para Playboy. Después de todo, no hay muchas reinas de la belleza que aparezcan desnudas en las revistas y además sean recordadas como escritoras.

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* Escrituras Mecánicas es un portal dedicado a celebrar con nostalgia la máquina de escribir (https://escriturasmecanicas.wordpress.com), donde se había publicado una foto de Alice Denham bajo otro nombre. Con esta nota rectificamos ese error y publicamos una serie de fotos, entre ellas la más conocida con su máquina de escribir.