21 de julio de 2014
Shakespeare y la joroba de Ricardo III
7 de agosto de 2012
Incendios
Desde hace miles de años no hemos cesado de contarnos algunas
historias, esas que nos dicen quiénes somos, por eso no dejamos de
reescribirlas y representarlas. Volvemos a ellas de vez en cuando y vamos al
teatro a gozar de la avasalladora presencia escénica, de la magia absoluta, del
encantamiento de la representación y la palabra. Vamos al teatro y una vez más
se impone la fuerza de la palabra, pura e hiriente, la que nos llama, la que
nos nombra.
Una mujer que quiere otra vida y quiere aprender a leer y escribir y a pensar, una mujer que busca un hijo arrebatado, una mujer que sufre lo inefable, una mujer que guarda silencio y escribe dos cartas, el encargo absurdo para dos hermanos gemelos que buscan a su padre y a un hijo anterior de su madre del que no tenían noticia.
El teatro es efímero y el presente eterno porque ofrece una situación extrema. Presenciar la escena del testimonio de Nawal, la protagonista, en esa lección magistral de arte dramático que hace la actriz Karina Gidi es una experiencia arrebatadora de la que no es posible salir indemne.
14 de octubre de 2010
Oleanna
En esa pieza de David Mamet, Oleanna, no hay respiro ni tregua, no hay silencios ni resquicio por el que pueda escapar la mirada. No hay certezas ni verdades absolutas. Tampoco hay solución. En el escenario, John, el profesor universitario, y Carol, su alumna, con una riqueza de matices y guiños de inteligencia, se hacen la guerra verbal. Crónica del enfrentamiento puro entre dos puntos de vista, los contrarios, los opuestos, las jerarquías, lo masculino y lo femenino.
Oleanna, expresión logradísima, en un discurso aniquilante, del desencuentro esencial, en el que sucede en dos planos lo que cada quien quiera ver, en el malentendido de los antagonistas. El punto de vista es una mixtura extraña de verdades subjetivas, mentiras y medias verdades. La psicología, huérfana de la ciencia y cenicienta de las humanidades, no acaba de explicar lo que sucede en el conflicto y la lucha de poder, en las suposiciones, en el juego sucio de los egos y las dobles intenciones.
Oleanna es una palabra muy bella y el nombre de una canción popular, pero podría también ser un sinónimo de la incomprensión y la rivalidad. Oleanna, metáfora del mundo, espejo terrible de la condición humana. En la puesta en escena que vi, Juan Manuel Bernal e Irene Azuela, maestros en su arte, en su soledad, frente a frente, eran todos los hombres, todas las mujeres.
