4 de mayo de 2010

Después de Millennium

(Apuntes para una novela)

Argumento:

Había una vez, en un país muy lejano, un periodista y defensor de los derechos humanos que se llamaba Stieg Larsson. Durante dos años escribió una serie de novelas negras de más de dos mil páginas: Millennium (Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire), de la que se han vendido y se siguen vendiendo millones y millones de ejemplares en treinta idiomas. Sin embargo, Stieg Larsson no pudo gozar de la fama y mucho menos de la inmensa fortuna que generaron sus obras: murió a los cincuenta años, de un infarto, poco después de entregar a su editora la tercera novela y antes de que se publicara la primera. No sólo no supo del éxito de sus libros, ni siquiera pudo verlos impresos. Mucho menos pudo ver las películas basadas en su saga ni se enteró de que miles de turistas deambulan por Södermalm, una de las islas en las que se levanta Estocolmo, para conocer las calles en las que suceden las vidas de Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander, protagonistas de sus historias. Tampoco pudo enterarse del enorme pleito, con abogados y declaraciones en los medios, entre su padre y su hermano con su viuda, que no es exactamente tal ante la ley sueca, pues nunca se casaron, por lo que ella se ha quedado literalmente sin nada.

Luego, un amigo de Stieg Larsson ha declarado que en realidad no era buen periodista y no escribía tan bien. Además, su ex jefe escribió un artículo en el que sostiene que Stieg no podía escribir dos oraciones bien ordenadas, mucho menos Millennium. Para acabar, Eva, la viuda, ha escrito un libro para contar su verdad, y ha declarado que ella es algo más que la correctora de las novelas. Así de triste es la historia del pobre Stieg Larsson.

***

Una tarde de noviembre, Stieg Larsson, protagonista de nuestra historia, llegó a las oficinas de la revista Expo, en la que trabajaba. No funcionaba el elevador, así que tuvo que subir por las escaleras siete pisos. Llegó sofocado. Se puso mal, le dio un ataque. Murió en la ambulancia que lo llevaba a un hospital. Stieg Larsson fumaba varias cajetillas al día y bebía cafeteras enteras. Además se alimentaba de comida basura, dormía muy poco y trabajaba hasta la madrugada para terminar su trilogía. Confiaba en su obra, en la construcción original de sus personajes. Le había escrito a Eva Gedin, su editora: “He creado protagonistas que se distinguen de los arquetipos policiales al uso.”

Stieg Larsson era un moralista que detestaba las injusticias. Aun a sus propios personajes los someterá al imperio de la ley. Él decía: “Si Mikael Blomkvist dispara a alguien con una pistola, incluso si lo hace en defensa propia, irá a parar al juzgado.” Hombre de izquierda, trotskista, dedicó durante años sus esfuerzos de periodista a investigar las actividades de los neonazis y grupos de extrema derecha en Suecia.

A los doce años, Larsson pidió a sus padres una máquina de escribir. Era algo muy caro, pero insistió, así que sus padres, que no tenían el dinero, pidieron un préstamo para comprarla. Nunca olvidaría ese día de otoño. Desde entonces Stieg supo que sería escritor y no dejó de teclear durante días y noches, tal como seguía haciéndolo muchos años después, al final de la vida, en su computadora portátil, en la escritura y la ardua corrección de sus novelas.

Un día, en una manifestación callejera, Stieg Larsson conoció a Eva Gabrielsson, que sería su mujer durante treinta y dos años, pero no su legítima esposa. No se casaron por razones tan extrañas como literarias: para que el nombre de ella no apareciera en ningún registro público vinculado a él, pues Larsson estaba amenazado por grupos violentos de extrema derecha (Nota: este detalle no es convincente, no es verosímil, pero la realidad a veces no lo es. En el fondo es ingenuo pensar que la ausencia de un registro de matrimonio pueda detener o verdaderamente despistar a una trama criminal en contra de Larsson o de la mujer con la que convivió tantos años. Sin embargo, la novela debe ser así porque en este punto se sustentará la segunda parte, cuando Larsson ha muerto y Eva legalmente se queda sin los derechos de autor y las regalías millonarias de la obra de Stieg, pues la ley sueca privilegia los derechos de sangre).

Durante dos años, de día y de noche, Stieg Larsson se puso a escribir su obra, literalmente hasta su muerte. Como las novelas ya estaban contratadas por la editorial Norstedts y Stieg Larsson murió soltero e intestado, los derechos de autor y la administración de la obra recayeron en Erland y Joakim, padre y hermano de nuestro héroe. Ellos viven en Umeå, en el norte de Suecia. A pesar de que ahora son ricos, siguen viviendo en la misma casa y Erland conduce el mismo viejo coche que tenía. Por alguna extraña razón no han gastado ni mucho menos dilapidado la fortuna de al menos veinte millones de euros que involuntariamente les dejó Stieg. Según Eva Gabrielsson, Stieg apenas frecuentaba a su familia y cree que ella debe heredar y gestionar la obra, de la que no ha obtenido ningún beneficio.

Erland y Joakim dicen que Eva Gabrielsson miente sistemáticamente y que ella no quiere aceptar el dinero que le ofrecen porque es una caprichosa que lo quiere todo o nada. Erland dice que a través de un amigo le hizo llegar a Eva un cheque en blanco para acabar con la disputa y ella no quiso ni quiere firmar nada. “Le hemos ofrecido dos millones de euros y una tercera parte de los derechos de autor, incluidos los beneficios de las versiones cinematográficas”, dicen, pero Eva rechaza las ofertas. Ella dice que no quiere dinero, sólo quiere administrar el legado de Stieg.

Eva Gabrielsson responde en entrevistas y declaraciones a quien quiera escucharla: “Stieg estaría muy enojado con esta situación. Odiaba las injusticias, y ésta, sin duda, lo es. En Millennium también está mi trabajo, mi vida. Es una cuestión de justicia. La vida de Stieg, mi vida y nuestras inquietudes están plasmadas en las novelas. En ellas se habla mucho de nuestros amigos y las experiencias que vivimos juntos durante tantos años.”

En la computadora portátil de Stieg Larsson, en poder de Eva Gabrielsson, hay al menos doscientas páginas de una novela, inconclusa. Esa cuarta novela se desarrolla en Canadá y en Ciudad Juárez. Erland y Joakim le han ofrecido a Eva que le entregan la parte que recibieron del departamento en el que ella vive a cambio de esa novela. Ella lo consideró un chantaje. Eva tiene el libro pero no puede publicarlo porque no tiene los derechos. Erland y Joakim no tienen la novela pero tienen los derechos sobre ella. El pleito, con abogados de por medio, con insultos y desencuentros, ha sido muy desagradable y sigue sin resolverse. Más todavía, es probable que no se resuelva.

Anders Hellberg, ex jefe de Larsson en la agencia de noticias sueca TT, ha escrito en un periódico: “Stieg no era capaz de escribir”. “El lenguaje que utilizaba era pobre, el orden de las palabras incorrecto; la construcción de las frases era simple y la sintaxis completamente enloquecida.” Es cierto que Stieg Larsson y él no se llevaban bien. Pero Hellberg es contundente: Stieg no tenía ni talento ni tiempo para escribir más de dos mil páginas en dos años. En su opinión, quien escribió Millennium fue Eva Gabrielsson. Ella ha dicho que la teoría de Hellberg es una tontería, aunque admite haber sido “más que una editora” o correctora de los manuscritos, sino que también proponía cambios en el texto. (Nota: podría insinuarse que Hellberg trabaja para la extrema derecha, los enemigos de Stieg. Pero también que Hellberg está enamorado de Eva, de manera que quiere que ella sea reconocida como la autora de Millennium y que pueda gozar de la fortuna y la administración de los derechos, aunque eso hundiría la reputación de Stieg, algo que Eva no quiere aceptar.)

Luego, Kurdo Batski, amigo de Stieg, empresario y periodista de origen kurdo, publicó un libro, Mon ami Stieg Larsson: “Me duele escribir estas palabras: Stieg Larsson no era un reportero demasiado bueno. Por una sencilla razón: en el mundo de Stieg Larsson no existía la neutralidad. Y sin embargo hay que reconocer rotundamente que Stieg Larsson era uno de los mejores investigadores del mundo […] No pensaba que a veces él pudiera escribir tan bien”. Sobre su libro ha dicho: “No soy el primer amigo de alguien conocido que escribe un libro sobre su amigo. Ni tampoco el último. Voy a ganar dinero y eso le gustaría a Stieg Larsson”.

“Stieg no necesitaba la ayuda de nadie para escribir”, le respondió Eva Gabrielsson a Batski desde las páginas del periódico italiano La Stampa. “Sucedía exactamente lo contrario: era Stieg quien tenía que corregir los textos de Kurdo. A veces escribía los artículos y Kurdo Batski los firmaba”. Pero luego declaró a la revista alemana Stern: “Cuando leo los libros a veces me resulta difícil distinguir qué era exclusivamente de Stieg y qué era mío, tanto en el estilo como en contenido”, con lo cual se convierte en coautora. (Nota: está claro que Batski quiere dinero a partir de la fama de Stieg, y si apoyar a su amigo le permite forrarse los bolsillos, miel sobre hojuelas.)

No faltan voces críticas que preguntan si alguien que no escribía bien y tampoco era buen periodista pudo escribir libros que han fascinado a millones de lectores en todo el mundo. Entonces, ¿quién escribió Millennium? (Nota: está claro que Eva es poco menos que la autora de las novelas. La del genio y talento es ella, Stieg era el negro que tecleaba. Él escribía por las noches sin parar; ella desechaba, indicaba el rumbo y corregía por las mañanas. Pero no acaba de aceptarlo porque mancharía el nombre de Stieg, y ella lo sigue amando. Además, grupos de izquierda le han dicho que si recibiera los millones de euros que generan los derechos de autor, ella estaría obligada, por decir lo menos, a donarlos.)

Mientras, Eva Gabrielsson no ha recibido ni una corona sueca, ni un euro de la herencia. Aunque los pleitos y declaraciones, especulaciones y abogados han convertido la historia en un culebrón sueco que empieza a cansar al público, hay una gran expectación por saber qué dice Eva en el libro que está escribiendo. Tal vez le dé un giro, un golpe de timón a la trama.

Mientras, Stieg Larsson se ha convertido en un héroe en Suecia y la fortuna generada por Millennium no deja de crecer (crecerá aún más con las siguientes películas). Pero la historia no ha terminado, faltan al menos tres asuntos por resolver: a ver qué declara, reclama o propone un nuevo amigo, un compañero, otra mujer o cualquier otro personaje; ver qué archivos guarda el disco duro de la computadora personal del pobre Stieg, y, según fuentes informadas, se ha sabido que la policía ha abierto una investigación por sospechas fundadas de que Stieg Larsson murió envenenado…