12 de abril de 2009

Navegar o escribir es necesario

La Odisea es tal vez la más antigua y célebre de las historias del mar y de sus hombres, esos intrépidos marinos que son los grandes héroes de cierta literatura de aventuras. Homero, Defoe, Conrad, Melville, Stevenson, Salgari, Verne, nos han hecho soñar con el mar, con los barcos, con travesías impensables y aventuras de novela, con tesoros, piratas, naufragios, islas misteriosas, animales y seres fantásticos.

Para los lectores de tierra adentro las novelas náuticas eran el resquicio por el que se llegaba a cubierta y se escudriñaba con un catalejo imaginario desde un puente también inexistente el horizonte. Navegar es necesario, vivir no lo es, decía Pompeyo, y su sentencia es norma no sólo para marinos, sino también para los entusiastas de un género que no los ha abandonado a pesar de dejar atrás la primera o la segunda juventud.

Para algunos de ellos, Patrick O'Brian es el célebre autor de algunas de las mejores novelas náuticas británicas, que ya es decir, en las que se celebra con toda la flema y romanticismo que el tema merece las glorias y hazañas de una armada imperial. La precisión de las descripciones de las maniobras de los barcos, de los marineros haciendo nudos, izando y arriando velas, era modelo literario y alarde técnico que sólo podía realizar un viejo lobo de mar, un héroe al servicio de su majestad. Al menos eso pensaban marinos y lectores, pero ahora, una biografía viene a decir que Patrick O'Brian se llamaba en realidad Richard Patrick Russ, que era un impostor, que jamás navegó ni fue admitido en la Royal Navy, que no sabía hacer nudos marineros, que se inventó un pasado glorioso que nunca tuvo.

La biografía puede decir la verdad, pero no le quita mérito a las hazañas literarias de O'Brian, aun antes las mejoran. Para algunos O'Brian es un impostor, pero la literatura no es la vida, tampoco la autobiografía del que escribe, acaso lo sea en un sentido aristotélico y esa falsa autobiografía narraría la vida que debió ser o podría haber sido o la que le hubiera gustado vivir al autor. O'Brian navegó aunque nunca haya navegado, fue un marino literario al que algunos almirantes leen con una mezcla de admiración, envidia y asombro. Sí, navegar o escribir es necesario.