20 de diciembre de 2010

Una muela, dos prejuicios, una tristeza y una pena

Mi dentista me ha dicho que sería conveniente extraer una muela sana. Dice que esa muela podría moverse y afectar a otras piezas, por lo tanto me recomienda ampliamente sacrificarla. Yo le pregunto si es necesario, si no hay otra solución, porque perder una muela es una cosa seria.

Para ganar tiempo, le he hablado del relato de Woody Allen que se llama “Si los impresionistas hubieran sido dentistas”, le he citado a don Quijote que dice: “te hago saber, Sancho, que la boca sin muelas es como molino sin piedra, y en mucho más se ha de estimar un diente que un diamante”.

Ella insiste, y me habla de razones odontológicas, estomatológicas y poco falta para que me diga que el ángulo de inclinación de la Tierra sobre su propio eje se verá afectado. La doctora Calderón es una profesional, competente, con experiencia, muy agradable, que me ha dado pruebas de sus habilidades y conocimientos.

Cuando no tengo la boca abierta o anestesiada, conversamos con gusto, me habla de su club de lectura, le recomiendo libros. Me cuenta de sus hijas y de su educación, de la escuela a la que asisten. Luego, me pregunta otra vez si acepto que extraiga la muela.

No tengo la menor duda ni sospecha de sus capacidades ni tengo razones para dudar de su diagnóstico. Simplemente no quiero perder una muela sana a menos que sea absolutamente necesario. Uno va por la vida perdiendo juventud, seres queridos, amigos, amores, ilusiones, como para perder además una muela así nomás. Le dije que lo pensaría. Le prometí que volvería a los seis meses para una limpieza y tomar una decisión.

Se ha cumplido el plazo y debo volver al consultorio. Pediré una cita y hablaré seriamente con ella. Defenderé mi punto de vista, daré una gran batalla. Yo creo que este asunto de la muela tiene que ver más con la metafísica o la ontología que con la anestesia, la extracción y un dolor pasajero.

Es una cuestión de principios, de integridad. Preferiría que me extrajera dos o tres prejuicios, una tristeza y una pena. Si la doctora Calderón pudiera hacerlo, con gusto le entregaría a cambio esa muela.